Museos: de casa de las musas a casa de todos (El valor de un museo I)

Imagen

Con el inicio de semana, Sawar Murcia comienza a rescatar y compartir los contenidos de su número 4, que incluyó un extenso reportaje sobre los museos. Como siempre, desde un punto de vista periodístico, combinamos información histórica y de contexto al respecto del origen y desarrollo en el tiempo de esas instituciones, con entrevistas, análisis y opinión. De lo general a lo concreto: más tarde nos fijamos en el caso de la ciudad de Murcia y terminamos haciendo una radiografía a nuestros museos en el momento presente, para lo cual entrevistamos a profesionales del sector. Con ellos analizamos el hoy, pero también tratamos de predecir el futuro inmediato.

De momento, comenzamos en esta entrada con el principio del reportaje “El valor de un museo”, y su primer texto:

Museos: de casa de las musas a casa de todos

Tal y como nos recuerdan los manuales sobre museología, la palabra ‘museo’ proviene de un término griego, ‘mouseion’, que tras pasar por el latín ‘museum’, designa hoy a lo que la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985 define como “instituciones de carácter permanente que adquieren, conservan, comunican, investigan y exhiben para fines de estudio, educación y contemplación, conjuntos y colecciones de valor artístico, histórico, científico y técnico o de cualquier naturaleza cultural”.

La definición de la Real Academia Española de la Lengua simplifica la anterior y añade un matiz importante: “Institución sin fines de lucro, abierta al público, cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de los objetos que mejor ilustran las actividades del hombre, o culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos”.

Sea como fuere, lo inmutable es la raíz mitológico-religiosa del museo, que además comparte con la música: ambas provienen de las musas, las nueve deidades hijas de Zeus y Mnemósine que, bajo el auspicio de Apolo, protegían las ciencias y las artes liberales, especialmente la poesía. Así se narra en el artículo “Espacios para el arte: lugares en continua redefinición”, firmado por Eloisa del Alisal, técnico de artes plásticas del Instituto Cervantes de Madrid, en el que también encontramos los nombres de estas musas inspiradoras del arte: Caliope, Clio, Erato, Euterpe, Melpomene, Polimnia, Talía, Terpsícore y Uraniaran.

Según contó Estrabón en el siglo I A.C., fue Tolomeo Sóter, rey de Egipto, el que fundó en el siglo III A.C. un complejo arquitectónico con sede en Alejandría, el ‘Mouseion’, compuesto por la famosa biblioteca, un observatorio astronómico, un jardín botánico, salas de estudio y trabajo y una colección de objetos raros y variados conocidos como ‘mirabilia’, palabra que designa a un conjunto de cosas admirables y de la que posteriormente derivó el término ‘maravilla’. Por medio de Estrabón sabemos pues de la existencia de este primer museo, una institución compleja e interdisciplinar entregada al conocimiento y totalmente ligada al poder, formando parte, de hecho, del propio palacio de Tolomeo. Por tanto, podemos decir que el primer museo estaba sostenido por el Estado y destinado al uso de una élite, bajo la dirección de un sacerdote y el auspicio de Apolo y de las musas. El concepto de museo no volvió a ser definido hasta que, en el siglo XV, el italiano Paolo Giovio empleó el mismo término para su colección de arte, alojada en un palacio en el lago de Como. Poco después el humanista francés Guillaume Budé, que con su participación en la Biblioteca de Fontainebleau fue precursor de la Biblioteca Nacional de Francia, habló del museo como casa de las musas y lugar de estudio de las nobles disciplinas que son propias de la actividad artística.

Las definiciones más recientes del museo, que comenzaron a generarse hace dos siglos, están ya influenciadas por los postulados de la Ilustración y marcan un fin último distinto, o al menos complementario al de la mera conservación o estudio del patrimonio por parte de una minoría de personas formadas: por ejemplo, a finales del siglo XIX, el norteamericano George Brown Goode, director del Museo Nacional de Historia Natural de Washington, afirmó que en un museo se guardan los objetos que explican los fenómenos de la naturaleza (‘naturalia’) y la obra del hombre y la civilización (‘artificialia’), para el aumento del saber, la cultura y la ilustración de un pueblo; es decir, que el museo está destinado a un bien público como es el acrecentamiento de la cultura.

Y ya en el siglo XX se va configurando el concepto de museo con los primeros artículos que tratan otros aspectos fundamentales en la misión de estas instituciones: así, Foyles y Crep apuntaron su idea de cómo debía ser un museo en cuanto que continente; el primero habló de un espacio cómodo, bello, funcional y estético, arquitectónico y plástico. Y el segundo añadió que el museo debe tener un recorrido sencillo y fácilmente reconocible.

La personalidad más influyente en la museología del siglo XX, en la moderna definición de museo y en la organización internacional de estas instituciones, fue Georges Henri Rivière (1928-1985). El primer director del ICOM, el Consejo Internacional de Museos creado en 1946, definió el museo como un establecimiento permanente de interés general, dedicado a conservar conceptos, a estudiar y a hacer valer por diversos medios y, sobre todo, a exponer para deleite y educación del público, un conjunto de elementos de la vida cultural. De ese modo, Rivière añadió las ideas de investigación y deleite, aunque a lo largo del siglo pasado, otras personas y entidades fueron enriqueciendo la definición con nuevas funciones y perspectivas, como la Enciclopedia Británica, la Enciclopedia Soviética y la Asociación Americana de Museos. En la actualidad, el propio ICOM explica que la definición de museo ha evolucionado en línea con el desarrollo de la sociedad, y que desde su creación, el Consejo la actualiza según las necesidades de la comunidad museística global. La última actualización se acordó en la 21ª Conferencia General en Viena, en el año 2007, y en ella ya vemos que el acento está marcado en el carácter de institución sin ánimo de lucro y al servicio de la sociedad:

“El museo es una institución permanente sin ánimo de lucro al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y exhibe el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y de su entorno por razones de educación, estudio y disfrute”

Seguiremos recordando los contenidos de este reportaje, que podéis leer completo y gratis pinchando AQUÍ.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s