Presente y futuro de los museos de Murcia (“El valor de un museo (y VI)”

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Sawar continúa y concluye el debate sobre el presente y el futuro de los museos de la ciudad de Murcia, en el que han intervenido Francisco Giménez (Director General de Bienes Culturales de la CARM), Manuel Fernández-Delgado (Jefe del Servicio de Museos del ayuntamiento de Murcia), y los directores del MAM, MUBAM, Las Claras y Salzillo: Luis de Miquel, Juan García, Mª Ángeles Gómez y María Teresa Marín. Este debate se incluyó en el número 4 de Sawar Murcia, “El valor de un museo”.

Cobrar o no cobrar (la entrada a los museos públicos)

A principios de 2013, el Partido Popular propuso en la Asamblea Regional el cobro de la entrada en las instituciones museísticas de competencia autonómica, a través de su diputada María Teresa Marín; una medida que, según la propia directora del Museo Salzillo, “es para mantener el alto nivel en las programaciones”, pero no para evitar su cierre, porque “la subsistencia de los museos públicos está garantizada”. Dicha propuesta, para aliviar el peso de los museos públicos sobre los presupuestos de la Comunidad Autónoma, contó con los votos a favor del PP y del PSOE y la oposición de IU, y ha provocado división de opiniones y el planteamiento de serias dudas. Sawar le pregunta a la propia María Teresa Martín, quien se explica: “Es un debate que se generó en Europa desde hace mucho tiempo. Estamos acostumbrados a que los museos sean públicos desde la misma fundación de estas instituciones a finales del siglo XVIII y principios del XIX, pero los museos no tienen por qué estar siempre soportados por el Estado, que al final es como algo deficitario que tiene que estar soportado siempre por la Administración, y entonces, quizá porque nos hemos impregnado de otro tipo de filosofía, como la de los museos del ámbito norteamericano, vemos que hay otras posibilidades más allá de la subvención y la partida presupuestaria pública. Quizá a los directores que estamos acostumbrados a que haya autofinanciación, nos genera menos miedo. Los museos estatales llevan ya más de dos décadas cobrando entrada, y aquí en el Museo Salzillo siempre se ha cobrado entrada, y en los momentos de crisis, a veces ha sido la única fuente de financiación de este museo y sin eso habríamos tenido que cerrar”. Por ese motivo, para Marín Torres “no hay que tener miedo a la autofinanciación, al cobro de entradas, al alquiler de espacios, a la venta de productos en tienda…”. Sin embargo, existe un matiz: “Está claro que para algunos museos no puede ser el único recurso, que tiene que haber otra financiación que venga de la Administración. Por ejemplo, para los de gestión autonómica el cobro de entrada no supondría ni la cuarta o quinta parte del presupuesto, pero ayudaría a aliviar en estos momentos de crisis en que los presupuestos están al límite. Comprendo que genere polémica porque hablamos de museos públicos en los que nunca se ha cobrado una entrada, pero sí se detecta que la gente que viene de fuera, y sobre todo los extranjeros, preguntan cuánto hay que pagar para entrar”.

En la misma línea se expresa Francisco Giménez, para quien “esto es una cuestión más de ética-estética, de que la gente sea consciente de que los museos valen dinero, que cuestan, y muchas veces en una sociedad como la nuestra, lo que no se paga, no se valora”. Giménez continúa: “Yo creo que eso también es importante, pero en fin, no es una cosa tan rara que se cobre en un museo. Creo que ya somos los únicos en Europa… Desde luego en España somos los únicos que no cobramos, todos los museos cobran. Una va al Museo del Prado o a cualquier museo, y paga. Y yo soy una persona muy dada a viajar, y por donde voy, voy pagando. No recuerdo ningún museo, excepto en Inglaterra”. Lo mismo estima María Teresa Marín: “En Murcia no tenemos esa costumbre, pero en casi todos los museos se cobra entrada y no pasa nada”.

Sin embargo, los directores de otros museos tienen sus dudas. El más claro es Manuel Fernández Delgado, para quien la idea de cobrar la entrada a los museos “es una locura”. El Jefe del Servicio de Museos del ayuntamiento de Murcia lo argumenta: “Pienso que a lo mejor tendríamos que pagarle un euro a la gente para que entrara; no cobrar sino pagar. Entra poca gente y si cobras va a entrar menos. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Difundir el patrimonio o no difundirlo? Si tenemos que difundir el patrimonio, no pongamos trabas, no pongamos obstáculos. Y yo he tenido este criterio no ahora, sino desde que se abrió el museo” (se refiere al Museo Ramón Gaya). Fernández-Delgado encuentra otro ejemplo de lo que significa difundir el patrimonio: “A nosotros la gente nos decía, ‘no dejéis hacer fotos en el museo’, y yo decía que no, que al contrario: a mí me interesa que la gente haga fotos en el museo… Es decir, que un señor mañana llegue a Valladolid y que haya pasado por aquí, y que se reúna a cenar con unos amigos y que les enseñe las fotos del viaje a Murcia, y les diga, ‘mira el Mar Menor, y luego estuvimos en Murcia y visitamos el Museo Gaya, y mira lo que hay’. Eso vale mucho, es muy importante”. De ese modo, Manuel Fernández-Delgado se plantea varias preguntas: “Los museos tienen que estar abiertos, porque vas a reducir los visitantes, pero, ¿qué dinero vas a ingresar por cobrar en un museo como éste dos o tres euros? ¿Vas a cobrar a la gente que vaya a las actividades culturales, a la gente que visite solo el museo, a la que vaya a las exposiciones temporales…? Es cierto que ese dinero podría redundar en los propios museos a través de la Administración, que es la que paga sus presupuestos, pero en mi opinión, lo que va a redundar es poquísimo. Y luego, es verdad que los visitantes de fuera, sobre todo los extranjeros, a veces preguntan si hay que pagar, pero, ¿cuántos visitantes extranjeros vienen a nuestros museos al cabo del año?”.

La postura de Mª Ángeles Gómez es de cautela y con matices: “A los técnicos no nos han puesto a discutir ni a buscar soluciones. Como es una iniciativa política, creo que le debería usted preguntar a los políticos… Creo que es un debate aún abierto, pero sí que creo que un museo como el de Santa Clara no se financiaría con lo que se cobre por entrar. Así no se autofinancia ni el Prado”. En cambio, Gómez Ródenas no cree que cobrar una entrada retraiga al visitante: “Si el precio fuera razonable, creo que la gente, exceptuando escolares,estudiantes y las reducciones normales, seguiría entrando. No le estoy dando mi opinión, le estoy diciendo lo que objetivamente creo que ocurriría en el caso concreto de Santa Clara”.

Por su parte, Luis de Miquel opina que “el cobro en un museo tiene sus cosas positivas y negativas: La parte positiva es que supone una fuente de ingresos, tampoco tan grande, que en todo caso no iría a las arcas de los museos ni de Cultura, sino a las arcas generales de la Comunidad, que buena falta le puede hacer”. Sin embargo, añade que “el museo no tiene por qué ser mejor por el hecho de cobrar: puede cobrar una entrada y tener el mismo presupuesto que ahora. El dinero entraría en la caja única de Hacienda, de la Comunidad Autónoma de Murcia, y después se distribuiría en su presupuesto en función de los criterios que quieran aplicar los gestores políticos. Si cuando hagan el presupuesto, se decide destinar más dinero a Cultura, pues esa fuente de ingresos sí repercutirá en el museo, pero no lo hará directamente”.

Juan García Sandoval también opina sobre el tema: “Yo estoy en contra de esa medida, aunque con matices. Soy de los que piensa que si queremos que los museos sean de accesibilidad pública y universal, hay museos de carácter general como el Arqueológico o el Museo de Bellas Artes que deben ser gratuitos”. Los matices: “Sin embargo, sí que estoy claramente a favor de que se cobren los servicios, lo que los gestores culturales o los empresarios llamarían ‘productos’: una visita guiada, un taller didáctico, un alquiler de las salas… Eso hasta hace poco no se pagaba, pero ahora hay un precio para alquilar las salas del museo, que tampoco es un precio muy elevado”. Esa misma idea es la que expone Luis de Miquel: “Ya hay otras pequeñas fuentes de ingreso como el alquiler de salas, la concesión de cafetería y tienda… Son servicios añadidos al museo, y por ejemplo, no estaría mal que si se da un folleto, o se hace una visita guiada o se ofrece una audioguía, eso tenga un precio aparte”.

Volviendo con la opinión de Manuel Fernández-Delgado sobre poner precio a la entrada a los museos y respecto a uno de los argumentos usados para defender la medida, el director del Ramón Gaya asevera: “Se valora más lo que se paga que lo gratis, pero eso no tiene ninguna relación con ponerse luego a hacer catálogos y no venderlos, sino regalárselos a todo el mundo. Es decir, ¿o corte o cortijo? No, yo creo que hay formas de hacer las cosas más ordenadas y más tranquilas”. El estado de la cuestión del cobro de entrada en los museos, según el Director General de Bienes Culturales, Francisco Giménez, es la siguiente: “Esa idea la estamos desarrollando y viendo matices. Hay muchas maneras de entender eso. Por ejemplo, si un congreso médico nos solicita usar las instalaciones de uno de nuestros museos para vender algún producto, por ejemplo, paga un precio, y ya hemos dispuesto un Decreto para eso, de modo que nosotros ya hemos cumplido con el mandato de la Asamblea, por así decirlo. Ahora vamos a ver qué hacemos con la ciudadanía, pero de momento eso está en suspenso. No tenemos prisa por cobrar a los ciudadanos, y de momento hemos puesto en marcha lo otro en cumplimiento de un mandato, porque estamos en una sociedad democrática y no puede venirme la Asamblea, que es donde están representados todos los ciudadanos, a decirme que haga algo y pasármelo por la nariz. Obviamente, estoy para obedecer a la ciudadanía, pero yo creo que interpreto bien a la Asamblea si voy por ahí”.

Luis de Miquel va más allá en cuanto al espíritu de la medida, en caso de que finalmente se cobre la entrada a los visitantes: “El museo no se puede valorar mercantilmente ni de una manera fragmentaria. El museo se instala en un territorio y en un producto cultural y turístico. En ese producto cultural y turístico, el museo, junto con otros elementos, son los imanes que atraen, no los que recaudan. Los elementos que recaudan deben ser la gastronomía, el hospedaje, los suvenir… En el fondo, dentro de todo este mundo del turismo cultural, la máxima sería que sea lo más barato llegar, y después, que se pueda consumir y gastar el mayor dinero posible, cada uno en función de su bolsillo. Entonces, si segmentamos y pensamos sólo en el museo, y queremos que sea rentable en sí mismo desde un punto de vista mercantil, y para eso ponemos precio o lo subimos mucho, disminuirá el número de visitantes y todo el producto se resentirá. Por tanto, hay que hacer un análisis global. Por ejemplo, ¿qué significa para Murcia tener quince centros de este tipo en lugar de tener ocho? Pues significa que cuando eso se publicite, el visitante que quiera verlos tendrá que planificar su estancia y quedarse más días. Y eso repercute en la economía, en la hostelería y la restauración”. Al respecto de estas ideas, María Teresa Marín matiza su propuesta: “Está claro que la misión del museo no es generar lucro ni ser rentable, y ya lo dice la definición del ICOM. No estamos hablando de lucro sino de ayudar a su financiación. Y aunque el museo no sea rentable, es un motor que puede generar flujos positivos en la economía que gira alrededor, y además, es que crea puestos de trabajo”.

Sobre la financiación de los museos, la Ley de Mecenazgo y la cultura española

En cualquier caso, el debate sobre el cobro de entrada en los museos públicos de Murcia, que ha ocupado espacio en los medios de comunicación locales, es una mínima aproximación a la situación de los museos y una respuesta insuficiente para la búsqueda de recursos económicos que aseguren su subsistencia. Así se lo plantea Sawar al Director General de Bienes Culturales, al que se le pregunta por la Ley de Mecenazgo prometida por el Gobierno central y que sigue sin salir adelante. Francisco Giménez se expresa de forma tajante: “No tenemos ninguna duda de que la Ley de Mecenazgo sería buenísima para los museos y para la cultura”. Y recuerda que, de hecho, “la inclusión de esa ley en el programa del PP ocurrió aquí, en un documento que se llamó la Declaración de Cartagena, cuando Pedro Alberto Cruz y el equipo de la Consejería de Cultura convocaron a todos los gestores culturales del Partido Popular y a Mariano Rajoy a reunirse, y en esa reunión fue donde el PP declaró que el pilar fundamental de nuestro programa en materia cultural iba a ser una Ley de Mecenazgo”.

La salida de Ley se ha anunciado una y otra vez en el último año y medio, aún sin resultado, y tiene en vilo al sector cultural. Francisco Giménez no oculta su impaciencia: “Estamos deseando que en Madrid se cumpla con la declaración que se hizo aquí. Estamos absolutamente convencidos de que es lo único que puede salvar al sector cultural… A los museos les va a venir muy bien, pero al resto del sector cultural también. En Estados Unidos yo he visto en cada butaca de los teatros, un nombre, es decir, que esa butaca la financia un señor y es una cosa muy común. Aquí no tenemos esa costumbre, y a pesar de que en el seno del mismo Partido Popular lo tenemos clarísimo, hay que convencer a Hacienda, que sigue siendo todopoderosa”.

Respecto de este tema, sobre las diferencias culturales y también legales entre España y otros países como los anglosajones, también se expresa Luis de Miquel: “España tiene un serio problema en estos niveles culturales, y es que el modelo, común a otros países, era muy estatalista. El Estado es el que pagaba buena parte de las actividades culturales y también se apoyaba de manera muy importante por las cajas de ahorro, que no tenían beneficios sino que lo reinvertían en temas sociales y culturales. Ese sistema ha quebrado porque la Administración ha reducido drásticamente sus ingresos, y ya no tiene dinero para esa política cultural”. Y no sólo eso; De Miquel continúa: “Por otro lado, es que este país no tiene política ni tradición de mecenazgo privado, por dos cuestiones: uno es que no tenemos mecanismos de rentabilidad a nivel de desgravaciones o publicitarias que animen a la iniciativa privada a invertir en cultura, aunque sea por cuestión de imagen… Hay países como Estados Unidos, donde te desgravan prácticamente todo lo que inviertes, y así se incentiva mucho más. En España no hay ventajas, pero es que, y entramos en la segunda cuestión, tampoco hay tradición”. El director del Arqueológico lo tiene claro: “No estamos acostumbrados como lo están en los países anglosajones, donde quizá por su conciencia más calvinista, tienen más presente la buena imagen y la conciencia social, el ser bien considerado en tu comunidad, lo que supone un importante valor para los empresarios. Aquí distamos mucho todavía de llegar a esos niveles. Aquí ni hay tradición de filantropía, ni tampoco hay ventajas económicas. Y claro, esas ventajas económicas significarían menos dinero para Hacienda, y ahora mismo, buena está Hacienda como para prescindir de dinero… Esto es un problema, y habrá que esperar a que se resuelva la crisis o no, pero tenemos que reubicar nuestro sistema, porque si el Estado no va a poder seguir pagando, y si no tenemos entidades y fundaciones como las cajas de ahorros que sigan financiando, y si no conseguimos que con el mecenazgo se cambie la conciencia social y se invierta en cultura, pues no hay ninguna otra fórmula. Es un problema serio el que tiene este país y es un debate importante porque nos jugamos mucho”.

La coincidencia con Juan García Sandoval es total, y también con María Teresa Marín Torres, aunque la directora del Museo Salzillo se muestra más comedida respecto a su aprobación, debido a las circunstancias: “La Ley de Mecenazgo sería buenísima para la cultura, porque muchas personas y empresas seguro que invertirían mucho más en ella si hubiera incentivos fiscales. Hoy esos incentivos son muy escasos y la ley debería implantarse cuanto antes, en cuanto se pueda, pero entiendo que ahora que estamos luchando contra el déficit, quizá no sea el mejor momento…”. Mª Ángeles Gómez añade nuevas consideraciones al debate y afirma que, aunque esté pendiente la Ley de Mecenazgo, “a nivel ‘micro’ hay muchas fundaciones, patronatos y museos que se están organizando, que están haciendo cosas y trabajando con diferentes modelos de financiación y otro tipo de iniciativas populares”. Una de ellas es la de crear asociaciones de Amigos de los Museos, algo que ya poseía el Gaya y a lo que se han sumado otros museos como el Salzillo o el MUBAM.

Todos los directores de los museos también hablan de la posibilidad de explorar el mundo del voluntariado cultural, mucho más desarrollado en otros países, y también la opción del pago voluntario como sucede en el British Museum o en la Tate Modern de Londres, donde una gran urna recibe a los visitantes en la entrada para que, si quieren, hagan un donativo. Esto, en opinión de Luis de Miquel, también sería difícil en España: “Aquí es que encima somos terriblemente complicados con la burocracia, y nos preguntamos, ‘¿ese dinero después como entra?’… Es complicadísimo que alguien le quiera regalar a la Administración un euro, casi es una donación que tiene que ir al Consejo de Gobierno a que la firmen. Eso de que de pronto entre dinero… Pero este dinero, ¿cómo que entra dinero aquí por las buenas? La ley no lo contempla como una posibilidad de ingreso que de pronto alguien te regale dinero. Entonces, claro, recoges ese dinero, ¿y después, qué haces con él? Estamos en un sistema que controla todo el dinero público, de dónde viene y adónde va, y eso está bien, pero claro…”. Lo mismo señala Marín Torres, quien muestra su escepticismo a que esa medida tuviera resonancia en nuestro país: “En otros países y en otros museos como los americanos, está la costumbre del pago voluntario, que aquí no tenemos. Aquí tenemos la inercia del funcionamiento de los museos desde el siglo XIX. Aquí no tenemos esa costumbre, y si pusiésemos el pago voluntario, nadie pagaría… O quizá sí, pero no tenemos la costumbre”.

Manuel Fernández-Delgado aboga por un modelo de financiación de los museos en el que, más que equilibrar los ingresos públicos y los privados, la balanza se incline hacia esta última fuente: “Si un museo se pudiese sostener por la aportación de los amigos, de los benefactores, de la gente que se publicita en el museo, sería muchísimo mejor, porque no estaríamos pendientes de la decisión del político del turno o de la decisión económica del momento. Es difícil, pero esa utopía sería fantástica para los museos”. De hecho, el director del Museo Ramón Gaya da las claves para gestionar con éxito un museo público: una es ser buen gestor y tener sentido común, “el menos común de los sentidos”, por encima de los estudios y la preparación académica (“por decir esto en público, me abuchearon”, reconoce), y la otra es haber pasado antes por el sector privado: “ Creo que cualquier persona que se ponga al frente de una institución pública, previamente debe de pasar por una institución privada. Y si es suya, mucho mejor. Yo sé cómo llevo mi casa, sé lo que tengo y lo que puedo gastar, y si esos mismos criterios se utilizan en una institución pública, esa institución funciona. Hay gente en las instituciones públicas que piensan que la administración tiene más dinero del que tiene, y piensan que pueden funcionar a su aire, y no”.

Algo similar argumenta Francisco Giménez, quien cree que ese sistema de financiación privada, que facilitaría una ley de mecenazgo, es el adecuado: “Los museos no pueden estar al servicio del político de turno, sino al servicio de la sociedad, y para eso lo mejor es que la sociedad se implique, y se hagan las asociaciones de amigos de los museos, y esas micro-financiaciones. Por ejemplo, sería como el que es de una ONG porque desgrava, pero no sólo por eso, sino por pertenecer a ella; que uno pueda estar en una asociación de amigos de los museos, y financie y le desgrave, pero al mismo tiempo, que entre ahí en la reunión de los amigos del museo, y diga, ‘la próxima exposición temporal que vamos a hacer es ésta’. Ya no va a ser lo que decida el Director General, sino que va a ser lo que decidamos todos”. Por eso, el Director General de Bienes Culturales opina que “la gestión siempre es mejorable”, y afirma tener “mucha confianza en que haya una ley de mecenazgo”. Y profundiza en sus motivos: “Esto es producto de mi cultura liberal, supongo, porque pienso que eso es lo que realmente imbrica a una sociedad con su tejido cultural. No puede depender exclusivamente de los poderes públicos, entre otras cosas porque eso tiende a politizar muchísimo la gestión, y la gestión tiene que ser lo más imbricada con la sociedad”.

Sin embargo, y aunque admite sus ventajas concretas, Mª Ángeles Gómez no se apunta en exclusividad al modelo anglosajón y cree que “siempre existirán diferentes modelos de gestión en museos”. Prosigue: “En España hay museos públicos y museos privados, y también hay museos que se gestionan de forma mixta. Las administraciones públicas subvencionan proyectos y también han subvencionado instituciones e iniciativas privadas. También existen fundaciones, mecenazgos concretos… No creo en el modelo único: cada museo, cada realidad cultural es un mundo. No es lo mismo financiar un museo como el Prado que el Museo Santa Clara de Murcia. No hay que mirar sólo a los grandes, hay otras realidades. Muchos conjuntos monumentales y museos de Reino Unido se abren todos los días gracias a una red de voluntariado que aquí no existe, por ejemplo”. En opinión de Gómez Ródenas, “lo que interesa a los profesionales de los museos es conseguir un equilibrio entre la calidad y excelencia que se debe ofrecer a los visitantes y usuarios, y el mantenimiento, conservación, documentación e investigación de las colecciones y de los edificios que las contienen. Yo creo que eso no es tan caro”.

La función y el valor de un museo

La directora del Museo de Santa Clara devuelve a Sawar a las funciones del museo: funciones patrimoniales y sociales que a veces se alejan de nuestra vista cuando nos entregamos al debate de cifras macroeconómicas y modelos de financiación.
Luis de Miquel recuerda que “el museo es un centro cultural que debe de estar vivo y tiene que servir a la sociedad”. En ese aspecto, de Miquel profundiza: “Tenemos que servir a la sociedad, en primer lugar porque la sociedad nos ha puesto en custodia de una serie de bienes patrimoniales que hemos decidido que deben de ser guardados, al igual que el Banco de España guarda sus cosas, y eso tiene un coste venga o no venga la gente a verlos. Y en segundo lugar, el museo es una institución que sirve a la investigación y al conocimiento, y en una ciudad universitaria como Murcia y con un departamento de arqueología, el Museo Arqueológico recibe todos los días a investigadores y estudiantes. Y ya a nivel de público en general, el museo es un espacio de divulgación de nuestras raíces, pero no sólo de conocimiento de la historia, sino también de todas esas áreas transversales: desde la arqueología y la historia, en este museo estamos trabajando para hablar de temas de género, de violencia y de paz, estamos trabajando con grupos de la tercera edad para plantear el tema de la muerte a lo largo de la historia… Es decir, que hay muchas maneras de transmitir valores desde una educación no formal como es el museo, y toda esa labor de divulgación hace que este espacio sea útil. Si esto cuesta, si queremos salvaguardar y no perder nuestro patrimonio y tener investigadores, este espacio lo podemos aprovechar de la manera más multifuncional posible”. En opinión de Luis de Miquel, “el museo no sólo sirve para visitar su exposición permanente”. Y ofrece un dato: “En este museo hay casi tantos visitantes a actividades complementarias, eventos, exposiciones temporales o talleres, como a las salas de exposición permanente. Esto es muy interesante e importante, porque las actividades son dinámicas y así no caemos en esa frase de ‘¿para qué voy a volver al museo si ya lo he visto una vez?’. Intentamos evitar eso con nuestras actividades, pero evidentemente, con más medios, habría más actividades o de mayor repercusión mediática”.

El Director General, Francisco Giménez, también reflexiona sobre la función social del museo, que en el momento actual ya se ha puesto como fin último y esencial de la labor diaria: “Estamos recogiendo ahora lo que hemos sembrado en años anteriores, y seguimos sembrando para el futuro”. Por ejemplo, Giménez nos habla del cambio experimentado en la relación entre los museos y la educación: “Ya desde hace bastante, los maestros y profesores van acostumbrando a los alumnos a visitar los museos, y antes esto no era muy habitual. No era muy normal encontrarse con un profesor que sacaba a los alumnos para impartir la clase en un museo. Yo que me eduqué en Madrid, recuerdo que un profesor daba sus clases de historia del arte en el Museo del Prado, pero no era lo normal. Poco a poco se sale más a los museos, las bibliotecas y los yacimientos, se dan las clases de manera más viva y dinámica y eso hace que se genere un cierto hábito para que el museo no sea ya un ámbito que imprima un temor reverencial. La gente se va acostumbrando a ir a los museos desde pequeños, e intentamos que los críos que vienen a nuestros museos pasen una buena mañana de tal manera que les quede en el subconsciente ese reflejo condicionado es un sitio de felicidad y de alegría”. También está el ámbito del turismo, sea local, regional, nacional o extranjero. Sobre el asunto, Giménez Gracia afirma que “eso se va expandiendo, y lo que antes era una extravagancia, como que el turista de los años sesenta y setenta que iba a la playa, visitara el museo de la localidad, ahora es la cosa más natural del mundo; ahora los turistas van a los museos, y una de las maneras que tienen los ciudadanos de pasar sus ratos de ocio es ir a los museos”.

Para Manuel Fernández-Delgado, lo más importante es “tener los museos vivos”. ¿Cómo? El Jefe del Servicio de Museos del ayuntamiento de Murcia lo explica incidiendo en la función educativa: “El museo tiene que ser un lugar no sólo lúdico, sino fundamentalmente de enseñanza. La gente va a los museos el Día de los Museos porque se convierten en centros lúdicos, porque nos gusta más la juerga que el aprendizaje. Yo creo que el museo tiene que tener una actividad permanente, constante, para poder atraer a la gente. Y los medios de comunicación también son fundamentales, porque nosotros podemos trabajar muchísimo, pero si no se difunde lo que hacemos, no llegamos a nadie”. Mª Ángeles Gómez Ródenas cree que se puede mejorar en el aspecto educativo: “Hay que dedicar más trabajo y esfuerzo es en educar a los niños y a los más jóvenes, en educarlos para que entiendan la importancia de la conservación del patrimonio, y también para que interioricen que el museo es un espacio común de todos y para todos”. La directora del Museo de Santa Clara señala que ahora están trabajando más en este sentido, “y también en otras formas de implicación de los ciudadanos en el día a día de los museos, por ejemplo, a través del asociacionismo”.

A este respecto, Juan García Sandoval nos cuenta la tarea en la que se embarcó el Museo de Bellas Artes de Murcia: “Hay una cosa por la cual nos llaman y nos envían correos desde otros lugares, y es el proyecto de Alzheimer. Este proyecto empezó siendo modesto, hecho con recursos propios del MUBAM y de la Unidad de Demencias del Hospital Virgen de la Arrixaca, y se inició como un programa de visitas de terapia aplicada a enfermos de alzheimer, a sus cuidadores y a sus familiares, y luego se convirtió en un proyecto de alta investigación asociado a medicina en valores, es decir, no farmacológica”. García Sandoval prosigue su relato con orgullo: “Al final, después de cinco años, el proyecto más importante de investigación en este campo que hay en Europa ahora mismo, es el del Museo de Bellas Artes de Murcia, junto con el MoMA de Nueva York. Hay psicólogos clínicos, neurólogos, educadores, historiadores del arte y museólogos… No solamente estamos descubriendo un tipo de visita que ya la hacen otros museos en España y en Europa, sino que estamos viendo qué obras funcionan, el por qué funcionan, y la razón de que trabajar día a día con el arte, mejora la calidad de vida de personas que tienen enfermedades degenerativas de la mente”. En este asunto, la doctora Carmen Antúnez (Directora de la Unidad de Demencias del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia y directora médica de la Fundación Alzhei-Mur) está dando charlas desde el punto de vista neurológico a nivel nacional e internacional, Halldóra Arnardottir (Doctora en Historia del Arte) ha estado varias veces en el MoMA dando cursos especializados de lo que se está haciendo en Murcia, y el director del museo está defendiendo el Proyecto Alzheimer MUBAM en el ámbito nacional.

Museos: ¿Un lujo prescindible?

En este contexto económico de recortes en cuestiones básicas como educación y sanidad, alguien puede llegar a pensar que los museos son un lujo y que, por tanto, son prescindibles. ¿Es así? Manuel Fernández-Delgado contesta con decisión: “Al contrario: en esta situación en la que se está recortando, hay que potenciar los museos como lugares de enseñanza y que sean gratuitos, porque desde el museo se puede enseñar a los sectores de la sociedad que más lo necesitan. Y además, no hay que olvidar que una de las misiones de los museos es preservar el patrimonio, mantenerlo y buscar donaciones para aumentar las colecciones, y todo eso necesita una infraestructura que lo pueda hacer. El museo no puede desaparecer, no puede quitarse de en medio”. Luis de Miquel explica que lo que intentan los profesionales de los museos “es que nuestras instituciones sean lo más útiles posible a la ciudadanía y al territorio en el que se integran, y que la gente venga y sienta a los museos como algo suyo”. Juan García Sandoval por su parte se hace una pregunta: “El museo, ¿sabe hacia adónde va? A veces nos encontramos museos que están alejados de la realidad contemporánea, y la realidad ahora es que hay violencia de género, que hay paro, que hay crispación social… Y también nos encontramos con nuevos pensamientos. Esa es la realidad que tú ves en la calle y por eso el museo se tiene que acercar a la sociedad por medio de sus actividades. Hay que trabajar la forma de colaboración con colectivos y con asociaciones, y trabajar de lo cercano a lo lejano. Para todo eso es necesario hablar en paralelo de dinero y presupuestos, pero a veces también hablamos de cosas que no dependen sólo del presupuesto, que dependen también de la voluntad”. De ese modo, Juan García Sandoval afirma que “hay que acercar más los museos a los ciudadanos; cuanto más cerca estemos, más gente vendrá a sus museos para defenderlos”.

Así concluyó el debate sobre el presente y el futuro de los museos de Murcia. Como siempre, os recordamos que podéis descargaros o leer online el número 4 de Sawar Murcia, completo y gratis, pinchando AQUÍ.

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